Revisando clásicos. Ramoncín - Al límite, vivo y salvaje
En 1990 se facturó un live album de los que arrastran a generaciones. Un directo de los que consiguen conectar con miles de personas. Un disco que, desde su misma publicación, se convierte en clásico. En 1990 se entregó Al límite, vivo y salvaje, el álbum en directo clásico de Ramoncín.
Desde el primer momento en que la aguja se posa sobre el vinilo, aparece la magia. La sintonía de cabecera de la serie televisiva Hill street blues, capta la atención del oyente y lo prepara para lo se está a punto de suceder. Una avalancha musical tan apabullante que es imposible no caer rendido ante el vocalista y la fantástica banda que lo acompaña; así Ramoncín y los músicos demuestran que el estado de forma en el que se encontraban en aquellos entonces es, prácticamente, imbatible.
El inicio del repertorio es de lo más arriesgado para un concierto de Rock, pues abre con una balada, estratosférica eso sí, pero balada al fin y al cabo, se trata de Como un susurro y ya desde ese momento el público se muestra entregado, pasando a ser un instrumento más durante toda la grabación. Bien sea coreando éxitos, cantando a capela por petición del músico o, simplemente, ejerciendo de receptor ideal para las arengas del emisor madrileño, a veces en silencio, otras ruidoso, siempre entregado con vítores y aplausos.
Durante los 101 minutos de los que consta el álbum, se repasan historias de barrio, jerga cheli y actitud Rock and Roll. Nos seduce Marica de terciopelo, juguetea Rock & roll duduá, vacila La chica de la puerta 16, nos enciende Hormigón, mujeres y alcohol o nos hace estallar Al límite. La voz de Ramoncín se muestra indestructible, su armónica nos eleva hasta el trance y la perorata consigue la complicidad perfecta para una noche de Rock and Roll.
En definitiva, Al límite, vivo y salvaje es la muestra incuestionable de la grandeza de un músico que lo ha sido todo, y también de una época que, desgraciadamente, no volverá.
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