Con nuevo trabajo recién publicado, y una gira multitudinaria que acaba de arrancar, Revólver se encuentra en un momento dulce. Así lo atestigua el propio Carlos Goñi en la entrevista que nos concedió al Clavijero, en la que repasamos su fantástico último disco, al tiempo que charlamos de manera distendida sobre aspectos musicales y vitales. Con todos vosotros, un músico excepcional.
Hola Carlos. Ha pasado un mes desde la publicación de tu último álbum LA 03010 y ya podemos decir que es un disco magnífico, sin igual, una joya. Cuéntanos cuánto tiempo te llevó ponerlo en marcha, cómo se gestó la idea y qué porcentaje hay de realidad en la historia de Marcial Cuartero.
Joder, muy agradecido, macho, de verdad. Vamos a empezar por el final, que no suele ser lo
habitual en mi caso, porque siempre pienso que es muchísimo mejor comenzar por
el principio y, como dice mi amigo Pepe (ndr: se refiere al actor José Sacristán), lo primero va antes. Y esto
es así. Pero voy a empezar por el final de todas maneras. Decía Isaac Asimov que hasta la más fiel de las autobiografías
tiene algo de ciencia ficción y viceversa. Tampoco te voy a engañar, al final, Marcial no deja de ser una especie de alter
ego que me he creado, o de avatar, para utilizarlo como vehículo y contar una
historia que evidentemente soy yo, claro. Pero cuidado, porque la memoria es una de las mentirosas más
infames que existen en la mente humana. ¿Por qué? Porque, al final, la memoria
no te retrotrae a cómo ocurrieron las cosas. Te retrotrae hasta la última vez
que las recordaste. Ella va eliminando, normalmente, lo peor para que te
duela menos. Entonces echa cálculos de lo que hay en el disco y de
lo que ha eliminado la memoria.
El álbum posee una cualidad extraordinaria, pues se presenta cinematográfico y novelesco. En el se puede ver la cara de los personajes, si conoces más o
menos la zona, ves las calles, ves los locales... y sin darme cuenta me sorprendo riendo a carcajadas...
A mí, durante muchos años, se me tachaba de que era
más triste que la hostia. Y es la cosa más contraria a mi personalidad que se
me puede decir. Primero, soy positivo de una manera enfermiza. Siempre creo que lo mejor está por venir. Soy
cero nostálgico, cero melancólico. Y mi tercer apellido
debería ser Ironías, porque la ironía me fascina. Mi hijo es un maestro en la ironía también.
Nos lo pasamos tremendo los dos ironizando sobre cualquier cosa. La banda
exactamente igual. Entonces, todo esto es como soy en realidad. Y de
repente se me pone en la cabeza lo de hacer un álbum que tiene algunas de las
letras más descarnadas, más salvajes, con algunos de los momentos más duros que
he escrito en los cuarenta y pico años que llevo escribiendo canciones. Y con
algunas cosas que ni siquiera son habituales que puedas leer en las letras de
prácticamente nadie. Dicho esto, me planteo varias cuestiones. La primera
de ellas, lo último que quiero es dar pena. ¿Por qué no? Porque estoy
atravesando el mejor momento de mi vida. Porque la vida me quiere profundamente. Y porque
encima tengo algo que es una fortuna que le deseo a todo el mundo. Y es que me levanto por la mañana y tengo la sensación, tengo el sentimiento, de que
la vida no me debe nada. Y levantarte por la mañana pensando que la vida no te
debe nada es la hostia.
Es algo muy cercano a la plenitud, sin duda. Y es muy importante ser consciente de las cosas que nos van bien y no centrarnos en lo que no hemos conseguido, cosa que nos lleva a la frustración...
Claro. No me levanto pensando que debería llenar cinco veces
el Wizink (ndr: ahora Movistar Arena) y cuatro veces el Calderón (ndr: ahora Metropolitano). Disfruto
profundamente pensando que tengo 50 conciertos por delante, que van a estar todos
prácticamente llenos, que voy a conseguir que la gente se lo pase de la hostia.
Y no me planteo lo que no tengo. Creo que a veces confundimos algunos términos.
¿Y esta forma de entender la vida es la que te ha dado fuerzas para escribir sobre tu pasado de manera casi autobiográfica?
Efectivamente. La idea surge porque consigo
estar en el mejor momento de mi vida y hay una parte de ella de la que no he
hablado prácticamente nada. Apenas en Campanilla de Capitol, o la canción Adictos a la Euforia del propio álbum homónimo, y poco más. Hay un periodo de mi vida que va
desde que soy un crío hasta los 18 años del que no he hablado nunca. Porque
siempre me he llevado muy mal con ese tipo. Muy mal. Porque lo pasé muy mal, no
me gustó nada. Tengo muy poco positivo que recordar de todos esos años. Y cuando lo recordaba, durante muchísimo tiempo, la
verdad es que me escocía bastante y me ponía de muy mal humor. Decía, joder, es como si me hubiesen robado casi 20 años. Pero como no soy de echar balones
fuera, entiendo que todo lo que me
ocurra el máximo responsable soy yo. Con lo cual, si hay algo que está mal
hecho, pues es culpa mía. Y volviendo a que estoy atravesando el
mejor momento de mi vida y a nivel emocional estoy más fuerte que nunca, entiendo que el álbum, por jodidas que sean las
letras, pues en realidad de lo que habla no es de un tipo que ¡oh, qué pena! sino de,
bueno, pues macho, esto es lo que me tocó, pues para adelante. Habla más de la
resiliencia que de la pena. De hecho, insisto, no hay pena.
Sinceramente, no veo ese sentimiento de pena por ningún sitio.
Claro que no. Aparte, no hay ni un solo tema en Menores, que es una
cosa que cualquiera que tenga un poco de idea con la guitarra sabe. Es algo que hice con toda la idea del mundo. Y entrando en lo que te ha hecho reír. Es que yo buscaba eso. Buscaba que fuese un poco como pasaba con las
películas de Charles Chaplin o las de los Hermanos Marx. Te descojonabas de la
risa de las desgracias que les pasaban a estos pobres hombres.
Es un gran ejemplo. Porque en Marcial Cuartero III la escenografía podría ser perfectamente de cualquiera de ellos. El pobre Marcial vomitando de miedo y con el follón que se está montando por un despiste suyo...
Sí, eso es muy divertido. Y, claro, la historia de que yo trabajaba de disc jockey
en el Dallas y estaba todo lleno de los constructores de Alicante que
tenían y se habían comprado ese pub para ellos y para sus queridas. Y ahí se liaba la de Dios entre ellos, que estaban
borrachos. A las cinco de la tarde, los tíos con una cantidad de
Mercedes y de Ferrari en el año setenta y nueve. Pues, claro, en ese momento, cuando te pones a contar
todo eso y que de repente aparece un tipo que me deja una pistola que yo no me
doy cuenta y la guardo en la cabina de disc jockey y luego llega mi jefe y
me dice ¡pero es que eres gilipollas! ¡te han dejado una pistola! Yo ahí balbuceando. Y luego le
estampa un banquetazo al otro y yo ahí vomitando y sollozando... porque era un puto pringado... (risas)
Sé que has pedido al público que escuche el disco con atención, prestando la necesaria a las letras, y nosotros desde aquí nos sumamos a la petición porque, si se hace así, es imposible no caer rendido a sus pies. Pero, ojo, que la musicalidad del álbum también es muy potente. Veamos, El último bucanero de San Blas, por ejemplo, es rock and
roll...
Yo me lo llevaría a Southside Johnny & the Asbury Jukes. Me gustan muchísimo. Southside Johnny para mí es el referente en cuanto a cómo tocar
rock con una banda con metales. Rock del tipo de rock que me
puede gustar más a mí. No rockabilly o no rock and roll, sino un poco más
clásico.
Luego tenemos Marcial Cuartero III y el country...
Totalmente, es country con todas
las letras. Igual que también es súper mega country,
pero más moderno, la de No Practicar Esgrima con Pistoleros. Lo que pasa es que ese es country muy, muy
moderno, mientras que el country del que tú me hablas ahora mismo, la de
Marcial Cuartero III, no; ese es un country muchísimo más clásico.
Y ahora, la canción que considero más dura o cercana al glam/hard rock de toda tu discografía, Pelea entre dos frentes. Sirenas de policía, riff de guitarra contundentes...
Ese tema es muy ochenta, y es de Garaje (ndr: se trata de la primera banda de Carlos Goñi) Esa canción tiene 44 años. Lo que pasa es que no tiene
nada que ver con la versión original que grabé, el primer single de Garaje. Fue la primera canción que grabé en mi vida. La versión original se llama En Movimiento, en YouTube lo tienes, es muy poquita cosa, porque
teníamos esta canción desde el año 82 y claro, tocábamos como el culo, suena como el culo,
todo está como el culo. Pero resulta que esa canción, su letra,
cuando la escribí, hablaba de lo que estaba ocurriendo en ese momento. Yo tenía 20 años. Entonces, me venía al pelo para
meterla en este álbum porque reflejaba perfectamente una época de mi vida, y que
es justo donde se va a acabar dicha época. Prácticamente está acabando ya el álbum y
está acabando la época de la que habla esta canción. A mí me recordaba
mucho, por ejemplo, a algunos temas de Billy Idol, que es donde yo
me lo quería llevar.
La última canción sobre la que te quiero hacer
comentario es Aquellos días. No sé si es porque habías estado inmerso en la gira
de El Dorado, pero posee ese sonido clásico de Revolver, el
rock americano.
Sí, Springsteen y el rock americano, claro. Sin
duda. Aquellos Días suena absolutamente a todo eso.
Y es la idea. Además esa canción es la que tiene
que ver con la vuelta de este hombre, con 60 años, a la ciudad de donde se fue
cuando tenía 19. Cuando vuelve pensando en que se va a reencontrar con
sus amigos y que puede pasar algo, pues no. La vida es como es.
Ahora que ya has comenzado la gira de presentación ¿cómo has confeccionado el setlist? Es decir, ¿tocarás el álbum completo? ¿lo harás convivir con canciones de trabajos anteriores?
No. Una cosa son los álbumes, que ahí tengo muy claro que sólo hay una manera de hacer las cosas, que es la que me dicte el corazón, y en donde no admito injerencias de modas, público, amigos, ingeniero, ni de nadie. Es una cuestión de corazón exclusivamente. Pero una vez que me pongo encima de un escenario es otra historia. Ahí tengo que conseguir que mis invitados lo pasen lo mejor posible. Como son ya veintidós álbumes, conseguir un espacio en el repertorio es complicado, porque hay una serie de canciones que tengo que tocar. Soy consciente de ello. Verás, considero que yo no pertenezco al mundo de la cultura, sino al del entretenimiento, por lo que tengo que conseguir que el público lo pase lo mejor posible. Por eso, soy muy feliz cuando veo al público disfrutar cuando toco El Dorado, San Pedro, El Roce de tu Piel, Tu Noche y la Mía, etc. Por lo tanto, del álbum nuevo puedo tocar cuatro o cinco temas a lo sumo, y en el siguiente quizá toco otros tantos cambiando un par de ellos o tres. Así voy a intentar recorrer el álbum entero a lo largo de toda la gira. En el concierto no puedo mantener la estructura del álbum.
Al tratarse de un álbum, digamos, con una narrativa en línea temporal. Cuando ataques las canciones del mismo ¿necesariamente las tocarás seguidas en un mismo bloque?
No es necesario. Hay tres temas en el disco nuevo, Aquellos días, Lo mejor de mí y King's road, que las puedo colocar en cualquier punto del repertorio, porque las tres hablan del regreso de Marcial a la ciudad, concretamente hablan de sus vecinos, de sus amigos y de la chica a la que nunca volvió a recoger. Los conciertos no dejan de ser un popurrí de las canciones más exitosas en el que aprovechas para presentar el disco nuevo. Hace años comprendí que el último álbum que publica un músico es la excusa del público para venir a verlo, pero el verdadero motivo por el que viene se debe a toda su carrera. Otra cosa es que hiciese un concierto como los que he hecho con El Dorado, que toco el álbum de arriba a abajo; entonces sí lo haría así, claro.
¿Cuál es tu modelo de guitarra favorito?
Con la que más me relaciono es con la Fender Telecaster, de las que tengo varias. Se trata de una guitarra con la que he hecho muchos discos. Además, hace pocos Reyes, los seguidores de Revólver me regalaron una que es extraordinaria. Con ella grabé entero el álbum Playlist. Es una guitarra que viene siempre de gira conmigo. En realidad es un modelo que es como si fuese una Broadcaster del '54 hecha por Toni Fayos, que es uno de los mejores luthiers que existen en este país. Pero esta gira y este último disco se basan fundamentalmente en una Gibson SG Special del año '64. Esa es la guitarra con la que está hecho todo el álbum y la que se va a comer toda la gira.
¿Quién viene a tu cabeza cuando piensas en esos modelos?
Para mí, una Telecaster siempre recuerda a Bruce Springsteen y al Rock americano. Respecto a la SG, me suena a lo que me suena este último disco, a The Who, que fue la primera banda que me voló la cabeza. Como banda siempre ha sido mi grupo favorito, y la SG Special es la que llevaba Pete Townsend en el Festival de la isla de Wight o en el Live at Leeds. Es la guitarra con la que grabó su obra hasta el Who's Next incluido. Escribí este álbum sabiendo que era la guitarra con la que lo iba a hacer, así que la compré y lo hice. Pete Townsend es mi guitarrista favorito.
¿Tuviste la fortuna de asistir al concierto de The Who de 2006 en Madrid?
No a ese no asistí. Los vi hace tres años en Barcelona. Y tengo innumerables conciertos de ellos grabados. También veo muchos en youtube. Le dedico mucho espacio a ver a The Who porque Pete Townsend es el tipo del que yo aprendí a tocar. Me gusta mucho.
Carlos, muchísimas gracias por tu tiempo y por tu música
Gracias a vosotros. Ha sido un placer.
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